La política es dinámica / Poder y traición (The ides of march)

La política es dinámica

Poder y traición (The ides of march) / U.S.A., George Clooney, 2011.
Lo que pasa entre estrellas, planetas y meteoritos ocurre igual en nuestro cotidiano. No importa si somos hijos de vecina o aspirantes al comando de la máquina imperial estadounidense. Las consecuencias, claro, son bien distintas.
Marzo, la competencia por la candidatura oficial del Partido Demócrata está por iniciarse y todos los fierros (discurso, estrategia y palos en las ruedas) se alistan, cada cual en su tramoya, con sus principios definidos y la plena conciencia de que el asunto será a muerte. Estrategas, medios, candidatos, cada uno en su juego, templando la cuerda que tira del carro. O quizás es el carro el que tira de ellos. O tal vez ambas cosas sean ciertas. Campos de atracción y rechazo, positivos y negativos, se van mezclando, creando, desbaratando, desenmascarando, obligando movidas, en el entendido de que, a diferencia de lo que se le suele decir a los hijos, la frase de “el fin no justifica lo medios” sí tiene, para muchos, y peor, para muchos muy poderosos, matices sinuosos.
 A veces los principios sólo nos sirven cuando no los necesitamos y nuestra propia conciencia de poder y trascendencia nos pone una trampa en la que caemos fácil, como en un hoyo negro, sin remedio, ni expiación.
Y es que solemos creer que las actividades humanas tienen una especie de feudo que las hace distintas en su mecánica y fundamento a las del universo mismo, del que estamos constituidos. Distintos a nuestros átomos, distintos a nuestra galaxia. Una excepción a la regla en el universo. Pero no: todo se parece, los ciclos de los planetas, las atracciones gravitacionales o sub atómicas, los desastres estelares y la generación de nuevas formas a partir de ellos, no son distintos a lo que ocurre en nuestra vida diaria y en nuestras relaciones. Vamos, venimos, nos acercamos, actuamos, unas veces transparentes, otras cañando nuestras cartas, a veces por nuestra voluntad, a veces sujetos a las circunstancias. Y lo que ocurre en nuestro cotidiano, no es diferente a lo que  ocurre en las instituciones de todo tipo, en las instituciones gubernamentales específicamente, todas tan llenas de gente tan falible como nosotros. Pero en tanto que nuestras “dinámicas” de relaciones implican un abrazo, un “te dejo de hablar”, una estafa, un aumento o un simple suspiro, las dinámicas humanas a nivel institucional implican, como los movimientos planetarios y estelares, consecuencias de escala global: una firma, un interés, una negociación, una carta bajo la mesa o una foto o beso en un momento o lugar equivocado, genera consecuencias que exceden el perjuicio o beneficio individual de quien los ejecuta. Una nación, millones de habitantes bajo una bandera, y más, si se trata del imperio reinante que  se resiste a morir en sus estertores, pueden ser afectados por algo tan simple como unos tragos de más.
Morris (G.Clooney), el candidato, cree que su carisma, principios y estrategia son suficientes para el favor de los electores, pero olvida que los votantes son volubles ante factores más allá de su alcance. Meyers, su joven y brillante asesor, cree en su candidato y en que su talento de niño, e inexperto, genio son garantía de triunfo. Pero los actores de ese sistema planetario son muchos, y la posibilidad de actuar como esos seres superiores en moral y principios que ellos mismos le tratan de vender al público, son tan ciertas como las siluetas de cartón que en los supermercados nos dicen que compremos para ser felices.
Una película de ficción que viene siendo un espejo pálido, y un poco telenovelizado, de la realidad, que, como cualquier Julio César en su idus de marzo, esté a punto de morir.